Monday, March 29, 2010

El Hombre, Por Sí Mismo es Valorado—Parte 2



Por Helen Bond
Juan no resintió las amonestaciones que Jesús le dio. Empezó a examinar sus motivos en las cosas que hacía. Reconoció sus errores y aceptó la reprensión. Día tras día, en contraste con su propio espíritu violento, contempló la ternura y la condescendencia de Jesús y oyó sus lecciones de humildad y paciencia. Día tras día, su corazón fue atraído hacia Cristo —hasta que perdió de vista al yo por amor a su Maestro. Vio poder —y sin embargo, amabilidad, majestad—mansedumbre, fortaleza —paciencia, en la vida diaria del Hijo de Dios y esto llenó su corazón de tanta admiración, que rindió su temperamento resentido al poder transformador de Cristo.
Esas lecciones, estableciendo la mansedumbre, la humildad y el amor como esenciales para crecer en la gracia y en la idoneidad para su obra, le parecieron a Juan ser del más alto valor.
Atesoró cada lección y constantemente buscó ponerse en armonía con el Patrón Divino. Juan deseó ser como Jesús y bajo la influencia transformadora del amor de Cristo, llegó a ser manso y humilde. El yo fue escondido en Cristo. Por encima de todoso sus compañeros, Juan se rindió a sí mismo al poder de esa vida maravillosa.
El Salvador amó a los doce, pero Juan fue el espíritu más receptivo. Él era más joven que los otros, y con la confianza de un niño, abrió su corazón a Jesús. De ese modo, se identificó cada vez más con Cristo y a través de él, las enseñanzas espirituales más profundas del Salvador han sido comunicadas al mundo. Jesús reprendió el egoísmo de Juan, desilucionó sus ambiciones y probó su fe, pero Juan abrió su corazón a Jesús y entonces, el Maestro fue capaz de revelarle aquello que su alma anhelaba —la belleza de la santidad, el poder transformador del amor de Dios. Juan se relacionó con el Salvador a través de un conocimiento experimental. Las lecciones de su Maestro fueron grabadas en su alma. Empezó a discernir que la gloria de cristo no era la pompa mundanal y el poder que él había sido enseñado a esperar, sino la gloria como del "unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad". Juan 1:14. Mientras Juan testificaba de la gracia del Salvador, su sencillo lenguaje era elocuente con el amor que penetraba en todo su ser.
Mucho después, cuando él había sido llevado a una completa unión con Cristo a través del compañerismo del sufrimiento, Jesús reveló a Juan cuál era la condición para estar más cerca de él en su reino. "Al que venza," Cristo dijo, "le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono". Apocalipsis 3:21.
Juan entonces comprendió que el que estará más cerca de Cristo será aquel que haya bebido más profundamente de su espíritu de amor abnegado. Ese amor que "no es jactancioso, no se engríe . . .no busca su propio interés, no se irrita, no toma en cuenta el mal". 1 Corintios 13:4–5 —ese fue el amor que impulsó a Juan, como el que movió a su Señor a darlo todo, a trabajar y a sacrificar —aún hasta la muerte— por la salvación de la humanidad. Jesús ama a aquellos que representan a su Padre y Juan podía hablar del amor del Padre como ningún otro de los discípulos podía hacerlo. Reveló lo que sentía en su propia alma, representando en su carácter los atributos de Dios.


Aunque Judas también había tenido acceso a la gracia divina que transforma el carácter, no pudo renunciar a sus propias ideas para recibir sabiduría del cielo. Tenía una opinión muy elevada de sus propias cualidades y consideraba a todos los otros discípulos en una forma censuradora. Ciertamente, ellos nunca nunca estarían capacitados para tener una posición directiva en ayudar a establecer el reino de Jesús. Pedro era impetuoso; Juan era un mal financista; Mateo era tan exigente en cuanto a la honradez que no se le podía confiar el hacer negocios que no eran honestos. Y con respecto a Jesús, —¿por qué tenía que enfatizar tanto lo que era desalentador? ¿Por qué predecía constantemente juicio y persecución para él y para sus discípulos?
Judas se consideraba a sí mismo como el más capacitado [de los discípulos]. En su propia estimación, él era un honor para la causa y como tal se presentaba siempre. Aunque Judas aceptó la posición de un ministro de Cristo, no se conformó al molde divino. Sintió que podía conservar su propio juicio y opiniones y cultivó un espíritu de crítica y de acusación. Tenía un fuerte amor natural por el dinero y fomentó el espíritu maligno de la avaricia hasta que ésta llegó a ser el motivo que dirigía en su vida. Trágicamente, al amor a Mamón superó su amor por Cristo.
Judas estaba ciego acerca de su propia debilidad de carácter, pero Jesús lo colocó donde podía tener una oportunidad de ver y de corregir ese problema. Al ministrar a otros, él podía haber desarrollado un carácter desinteresado. Sin embargo, mientras escuchaba diariamente las lecciones de Cristo y presenciaba su vida de abnegación, Judas satisfizo su disposición codiciosa. A menudo, cuando prestaba un pequeño servicio a Cristo, o dedicaba tiempo a propósitos religiosos, él se pagaba a sí mismo de los recursos que habían sido confiados a su cuidado.
Esos pretextos servían para excusar sus actos ante sus propios ojos, pero a la vista de Dios él era un ladrón. Al llegar a ser un esclavo de ese solo vicio, se entregó a Satanás para ser llevado a ser capaz de hacer cualquier cosa en el pecado.
La declaración repetida con frecuencia por Cristo, de que su reino no era de este mundo ofendía a Judas. A pesar de la propia enseñanza de Jesús, estaba de continuo surgiendo la idea de que Cristo reinaría en Jerusalén. En la ocasión cuando los cinco mil fueron alimentados, él [Judas] fue el primero en tomar ventaja del entusiasmo, excitado por el milago de los panes y nutriendo el plan de tomar a Cristo por la fuerza y hacerlo rey. Sus esperanzas eran grandes; su desencanto fue amargo. Cuando finalmente empezó a comprender que Cristo estaba ofreciendo bienes espirituales en lugar de terrenales, que ningún honor o posiciones altas iban a ser dadas a sus seguidores, resolvió no unirse tan íntimamente con Cristo que no pudiera apartarse.



Continuará. . .

Tuesday, March 23, 2010

El Hombre Por Sí Mismo es Valorado—Parte 1



Por Helen Bond
Helen Bond es miembro de una familia que ha sido adventista por tres generaciones, es una escritora independiente y una misionera jubilada. Escribió este artículo desde Paradise, California.
El amado Juan era el discípulo que estuvo más dispuesto a abrir su corazón a Jesús, el que más fervientemente contempló la vida diaria de Jesús y asimiló las profundas lecciones de mansedumbre y humildad que encerraban todas sus acciones. Él fue quien comprendió más ampliamente el principio de la abnegación, de completa devoción a la causa que la vida de Jesús ilustró. Él empezó temprano y continuó dominando sus tendencias naturales, buscando ser exactamente como Aquel a quien amaba.
Posiblemente, si no fuera por los escritos de Juan en los cuales el amor de Dios a través de su Hijo Jesús es tan hermosamente ilustrado, puede ser que todavía no tuviéramos una comprensión de la conexión tan íntima que puede haber entre el gran y todopoderoso Creador del universo y la pequeña criatura, el hombre, a quien él da el privilegio y honor de llamarle "Padre". Las epístolas de Juan sugieren el espíritu del amor. Parece como si él hubiera escrito con una pluma sumergida en amor. ¡Qué agradecidos estamos por la tierna descripción de ese amor que tanto neceitamos!
¿Y qué diremos acerca de la personalidad y la vida de aquel que gue capaz de dejar tras sí, para nosotros, un tributo tan grandioso? La Inspiración nos ha dado muchas evidencias que ayudan a completar nuetra historia bíblica de Juan. Sabemos que cuando Jesús escogió a los doce, para trabajar con ellos y para ser enseñados por él, él llamó a Santiago y a Juan, hijos de unpescador para que lo siguieran.
Santiago y Juan fueron llamados "hijos del trueno".
La pluma Inspirada nos dice que Juan era orgulloso, dominante,m ambicioso, impetuoso y se resentía ante la injuria. No poseía amabilidad natural de carácter. Tenía un carácter violento y estaba lleno de un deseo de venganza y de un espíritu de crítica.
Cuando recordamos que ellos deseaban obtner permiso de Jesús para hacer que descendiera fuego del cielo para destruir a los samaritanos, los cuales, ellos pensaban que habían insultado a su Maestro, podemos ver muy bien que el término "hijos del trueno" armonizaba con Santiago y Juan.
Si usted y yo hubiéramos estado allí para presenciar cuando Jesús escogió a los doce, sabiendo el alcance de los resultados que dependían de su elección, me pregunto qué hubiéramos pensado—y dicho. Posiblemente, uno de los errores más grandes que podemos cometer como seres humanos, es en el área de juzgar el carácter. Podemos juzgar solamente por la apariencia exteriro —por lo que vemos, oímos y sentimos. Pero no importa cuántas conclusiones psicológicamente correctas pensemos que podemos sacar de estas señales exteriores, no podemos leer el corazón como Jesús lo hace. No puede siempre ser el que está alto en nuestra estimación, un candidato para el cielo que probará que posee estos atributos en el último análisis.
Podíamos habernos sentido desanimoados por el futuro de la iglesia cuando miramos a Juan, Pedro, al incrédulo Tomás y algunos de los otros. ¿Y me pregunto si el joven alto y agradable que llevaba la bolsa de dinero no podía habernos impresionado un poquito mejor? ¡Ahora había un discípulo con una apariencia impresionante! No tomó mucho tiempo evaluar supersonalidad y observar the tenía un discernimiento profundo y una habilidad ejecutifa. Se advertía en su propia apariencia llena de confianza propia y en el modo en que los otros discípulos lo respetaban.
Se nos dice que Juan y Judas personifican a los que profesan ser seguidores de Cristo; que representan las dos clases que componen al profeso pueblo de Dios. Uno era la demostración de la verdadera santificación; el otro poseía sólo una forma de piedad. Así que hoy en día, cada uno de nosotros está enla categoría de ya sea de Juan o de Judas.
Posiblemente, usted está pensando que no es justo comparar con Judas a alguien que está tratando sinceramente de ser un cristiano. Pero esa es una mala interpretación, en la cual puede haber grandes peligros. Permítanos considerar muy seriamente cuáales fueron las diferencias en las experiencias de estos dos hombres. ¿Por qué uno llegó a estar verdadermente santificado mientras que el otro nunca progresó más allá de una forma de piedad? ¿Cuál es la instrucción y auyda que se nos ha dado para que podamos seguir a Jesús como lo hizo el amado Juan? ¿Y cuáles son las señales de advertencia que nos ayudarán a evitar que imitemos el terrible fracaso de Judas, el traidor?
Si podemos comprender y ayudar a otros a entender esta diferencia en la experiencia religiosa de estos dos hombres que fueron escogidos por Cristo, podemos tener las respuestas para estas importantes preguntas que hos conciernen tan urgentemente ahora, en la terminación de la tarea— ¿Cómo puedo asegurar la vida eterna? ¿Cómo puedo estar seguro de que Satanás no evitará que yo obtenga la santificación?
Ambos discípulos tuvieron la misma oportunidad de estudiar y de seguir el Patrón Divino. Ambos estuvieron íntimamente asociados con Jesús y tuvieron el privilegio de escuchar su enseñanza. Cada uno tenía graves defectos de carácter y tuvo acceso a la gracia divina que transforma el carácter.
Judas ciertamente amó al gran Maestro y deseaba estar con él. Sintió un verdadero deseo de que su vida y carácter fueran transformados y esperaba tal como usdted y yo, experimentar ese cambio a través de su conexión con Jesús. Cuando él fue solicitando un lugar entre los doce, Jesús vio que Judas realmente tenía rasgos de carácter preciosos que podían ser una bendición para la iglesia.
Él no era insensible a la belleza del carácter de cristo y a menudo cuando escuchó las palabras del Salvador, la convicción vino a su corazón. Jesús confió en ese hombre para que hiciera la obra de un evangelista. Le dio poder para sanar al enfermo y para sacar demonios, Judas creía que Jesús era el Mesías y su corazón experimentó una viva emoción, junto con los corazones de los otros discípulos, cuando él trajo al enfermo, al cielo y al cojo a Jesús para su curación. También sintió la satisfacción que siempre viene del servicio a Dios.
Jesús leyó el corazón de Judas. Al conectar a ese hombre consigo mismo, lo colocó, como hizo con el resto de los doce, donde día a día pudiera estar en contacto con el raudal de abnegación que salía de su propio corazón. Si él hubiera abierto su corazón a Cristo, la gracia divina hubera desterrado al demonio del egoísmo, y aún Judas, hubiera llegado a ser un súbdito del reino de Dios y uno de los principales discípulos.
Tanto Juan como Judas codiciaban la posición de ser el que más cerca estuviera de Jesás cuando él ascendiera a su reino. Ambos sostenían ideas equivocadas acerca de su reino [de Cristo], y de su propira relación co éste. Pero bajo de todo el trueno de Juan, Jesús, quien escudriñaba el corazón, percibió una personalidad amorosa y cálida. Juan adhirió a Cristo como la vid se aferra a un majestuoso pilar. Él correspondió al amor de Jesús con toda la fuerza de una ferviente devoción. Fue su amor por Cristo lo que siempre lo llevó a buscar estar a su lado.
Algunas de las lecciones más importantes que Jesús encontró necesarias enseñar a Juan, le fueron dadas debido a su orgullo y ambición de ser grande. Jesús conocía los motivos de su corazón y lo reprendió. De esa manera, Juan aprendió que el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y que si uno quiere ser el primero en el reino, debe en esta tierra seguir a jesús llegando a ser el más humilde en el servicio. Él descubrió que en el reino de Dios, la posición no se gana por favoritismo ni es recibida a través de una concesión arbitraria. Es simplemente un resultado del carácter. La cruz y el trono son pruebas de una condición que se ha alcanzado, muestras de la conquista del yo a través de la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Éstas no eran otorgadas por Jesús, sino por su Padre.
Continuará . . .

Thursday, February 18, 2010

El Tiempo del Fin y la Crisis Final



Por el Pr. Ron Spear
La gran controversia entre Cristo y Satanás que ha estado en proceso por casi 6.000 años está ahora en su etapa final. Satanás y sus demonios infernales han venido a los santos obedientes y leales con grande ira, porque él conoce que su tiempo es muy corto. Las señales de los tiempos son siniestras. El mundo está al borde del caos. El mundo protestante está formando una confederación con el papado, y América muy pronto formará una imagen del poder de la bestia. Véase El Conflicto de los Siglos, págs. 646–647; 664–668; el Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 7, pág. 976. La derecha Religiosa y la Coalición Cristiana están extendiendo sus manos sobre el abismo para unirlas con las de la Iglesia Católica Romana.
El espiritismo está dondequiera en la televisión, desde los dramas populares y los programas de entrevistas, hasta los púlpitos evangélicos. Véase Testimonies, tomo 5, pág. 451; El Conflicto de los Siglos, pág. 52.
Sólo un momento de tiempo todavía queda de la gracia humana. La iglesia, la iglesia remanente está paralizada. Se niega a dar a la trompeta un sonido certero. En este momento de peligro nos hemos identificado a nosotros mismos con el mundo en nuestras inversiones, en nuestros negocios, en nuestras instituciones y en nuestra íntima asociación con el mundo evangélico. Nuestro sueño laodicense es un sueño de muerte, a menos que despertemos inmediatamente y respondamos a la gran emergencia que está lista para abrumarnos. La iglesia está en un sueño de seguridad carnal. ¿Despertaremos o dormiremos hasta que seamos condenados a recibir las plagas con las iglesias de Babilonia? No, Dios tendrá unos pocos fieles que no han doblado su rodilla ante el dios Baal. Véase Mateo 22:14; Testimonies, tomo 5, págs. 10, 50, 136. La iglesia remanente de Dios sobrevivirá el ataque final que ahora está en proceso. Escuchad a Dios explicar nuestra situación actual:
"Al concluir esta narración, diría que stamos viviendo en un tiempo muy solemne. En la última visión que me fue dada, se me mostró el hecho asombroso de que una porción muy pequeña de aquellos que ahora profesan la verdad serán santificados por ella y serán salvos. Muchos se elevarán por encima de la sencillez de la obra. Se conformarán al mundo, amarán los ídolos y llegarán a estar muertos espiritualmente. Los humildes y abnegados seguidores de Jesús avanzarán hacia la perfección, dejando atrás a los indiferentes y amadores del mundo.
"Se me señaló al antiguo Israel. Sólo dos de los adultos del gran ejército que salió de Egipto entraron a la tierra de Canaán. Sus cuerpos muertos fueron esparcidos en el desierto debido a sus transgresiones. El Israel moderno está en gran peligro de olvidar a Dios y de ser conducido a la idolatría como lo fue el pueblo antiguo. Se adoran muchos ídolos, aun por los profesos guardadores del sábado. Dios le ordenó especialmente a su pueblo de antaño que se guardara de la idolatría, porque si eran desviados de servir al Dios viviente, su maldición descansaría sobre ellos, mientras que si lo amaban con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas, los bendeciría abundantemente en el canastillo y en las sobras y removería la enfermedad de en medio de ellos." Testimonies, tomo 1, págs. 608–609.
"Si la cortina pudiera ser levantada, y pudiérais discernir los propósitos de Dios y los juicios que están a punto de caer sobre un mundo condenado, si pudiérais ver vuestra propia actitud, temeríais y temblaríais por vuestras almas y por las almas de vuestro prójimo. Se elevarían al cielo plegarias fervientes y llenas de angustia. Lloraríais entre la entrada y el altar, confesando vuestra ceguera espiritual y vuestra apostasía." Testimonies, tomo 6, pág. 408.
El último gran engaño es el de hacer que no tengan efecto los testimonios del Espíritu de Dios. Véase Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 48.
Esta profecía está ahora siendo cumplida. Los pilares de nuestra fe, tan claramente definidos por los pioneros y nuestra profetisa Elena G. de White, están siendo atacados por los teólogos y los pastores liberales que parecen tener tanto control, derramando un Evangelio falsificado para la destrucción de miles de adventistas del séptimo día. Nuevamente, la Inspiración habla:
"En una escena que pasó ante mí, vi cierta obra hecha por los médicos misioneros. Nuestros hermanos dirigentes la contemplaban, observando lo qhe se hacía, pero no parecían comprenderla. El fundamento de nuestra fe, que fue establecido con tanta oración, con tan fervoroso escudriñamiento de las Escrituras, estaba siendo demolido columna tras columna. Nuestra fe iba a quedar sin fundamento sobre el cual apoyarse; se eliminó el santuario, se eliminó la expiación." Alza Tus Ojos, pág. 150. Véase también Mensajes Selectos, tomo 3, pág. 406.
La evidencia abrumadora nos dice que hemos llegado al mismo fin. Sólo Dios conoce el día y la hora de su venida. El pueblo de Dios debe reconocer que éste es el tiempo del cual toda la Biblia y el espíritu de profecía han profetizado—el mismo fin de la gran controversia. Jesús está a punto de salir del lugar santísimo y el tiempo de gracia se cerrará pronto.
"Es posible ser un creyente parcial y formal y todavía ser encontrado falto y perder la vida eterna. Es posible practicar algunos de los mandatos de la Biblia y ser considerado como un crisitiano y todavía perecer por la falta de las cualidades esenciales del carácter cristiano. Si rechazáis o tratáis con indiferencia las advertencias que Dios ha dado, si acariciáis y excusáis el pecado, estáis sellando el destino de vuestra alma. Seréis pesados en la balanza y seréis hallados faltos. La gracia, la paz y el perdón serán retirados. Jesús habrá psado de largo para nunca más volver a estar dentro del alcance de vuestras oraciones y súplicas. Minentras la misericordia se prolonga, mientras el Salvador está intercediendo, hagamos una obra minuciosa para la eternidad." Testimonies, tomo 6, pág. 405.
"Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios." 1 Tesalonicenses 5:6. Véase también Lucas 21:34, Marcos 13:36, 14:38–39.
Que Dios nos ayude a darle a la trompeta un sonido certero. El cuarto ángel de Apocalipsis ha regresado para darle poder al mensaje del tercer ángel. Que no continuemos durmiendo el sueño der la muerte. ¡Despierten antes de que sea demasiado tarde!

El Pr. Ron Spear, por muchos años el redactor en jefe de la revista Nuestro Firme Fundamento, la cual era publicada en varios idiomas, incluyendo el castellano, es ahora el redactor de una revista electronica que se manda via correo electronico cada dos meses en inglés, la cual se titula
"SECOND ADVENT Herald" [El Heraldo del Segundo Advenimiento, tal como este blog]. Si usted es bilingüe y desea recibir esta revista, favor de dirigirse a : http://www.secondadventherald.org/.

Thursday, November 26, 2009

El Juicio de Dios Sobre los Madianitas


Por Elena de White
La obra de Moisés en favor de Israel estaba casi terminada; al anciano líder solamente un acto más por realizar antes de ir al descanso. “Haz la venganza de los hijos de Israel contra los madianitas,” fue la orden divina; “después serás recogido a tu pueblo”. Números 31:2. Este mandato fue comunicado a Israel, no como la palabra de Moisés, sino como la de Cristo, su Líder invisible y fue inmediatamente obedecida. Mil hombres fueron seleccionados de cada una de las tribus de Israel y enviados en contra de los madianitas. En las batallas que siguieron, ese pueblo fue derrotado con una gran matanza.
A los hombres que rápida e inmediatamente ejecutaron los juicios divinos sobre esas naciones paganas se les ha llamado crueles e inmisericordes al destruir tantas vidas humanas. Pero, todos los que razonan así no entienden el carácter y el modo de actuar de Dios. En su misericordia infinita, el Señor había perdonado por mucho tiempo a esas naciones idólatras, dándoles evidencia tras evidencia de que él, el poderoso Jehová, es el Dios a quien ellos debían servir. Le había ordenado a Moisés que no hiciera guerra en contra de Moab o Madián, porque su copa de iniquidad no estaba todavía llena. Le sería dada evidencia adicional; una luz clara e inequívoca, procedente del mismo trono de Dios brillaría sobre ellos.
Cuando el rey de Moab llamó a Balaam para que pronunciara una maldición sobre Israel y así lograr su destrucción, la misericordia y la bondad de Dios fueron mostradas de manera excepcional. Ese corrupto e hipócrita buscador de ganancias, cuyo corazón ansiaba maldecir al pueblo de Dios por una recompensa, fue constreñido a pronunciar sobre ellos las bendiciones más ricas y sublimes. Los mismos moabitas podían ver que era el poder de Dios el que controlaba al avariento profeta y lo compelió a proclamar a Israel como el escogido de Dios, y a su gran poder como su amparo en los acentos más exaltados de la Inspiración. Allí brilló el último rayo de luz sobre un pueblo de dura cerviz que estaba determinado a hacer su voluntad en desafío a la voluntad de Dios. Cuando, siguiendo la sugerencia de Balaam, la trampa fue puesta para Israel, la cual resultó en la destrucción de muchos miles, entonces fue que los madianitas llenaron la medida de su iniquidad. Entonces el día de su gracia terminó, la puerta de la misericordia fue cerrada para ellos y Aquel que puede crear y destruir dio el mandato: “Hostigad a los madianitas, y heridlos: por cuanto ellos os afligieron a vosotros con sus ardides con que os han engañado.” Números 25:17–18.
Los que se quejarían de Dios o pondrían en duda la sabiduría y justicia de su comportamiento hacia sus criaturas, deben darse cuenta de su incompetencia, de su sabiduría finita, y determinar qué conducta es más apropiada para el Juez de toda la tierra. Su principal preocupación debería ser conducirse de tal manera que no se conviertan en el objeto de su ira, y deberían permitirle al Señor tratar la obra de sus manos de acuerdo a sus sabios propósitos.
Moisés se había llenado de pesar e indignación ante los engañosos ardides mediante los cuales Israel había sido tentado a pecar, atrayendo de esa manera sobre sí la ira de Dios. En la orden de hacer guerra a los madianitas, Moisés vio no sólo la justicia de Dios al visitar sus juicios sobre los culpables, sino su misericordia en darle a Israel la victoria sobre un pueblo que estaba buscando su destrucción por medio de su astucia infernal. Los israelitas debían unirse en esta guerra, no para retribuir hostilidad o venganza, sino como los instrumentos de Dios para realizar su mandato, siendo influenciados solamente por el celo de la gloria divina.
Los hombres no entienden lo que están haciendo, cuando se permiten a sí mismos aún por un momento, dudar de la sabiduría y la benevolencia de Dios —al considerar como una especie de crueldad, los juicios derramados sobre los obstinados y los rebeldes. Pocos se dan cuenta de la malignidad del pecado. Es una lepra mortal contaminando a todos los que son puestos en contacto con ella. Si los hombres persisten en mostrar desprecio hacia la autoridad divina, Dios, quien los creó y cuya propiedad ellos son, tiene el perfecto derecho de retirarles las bendiciones de las cuales han abusado. El nombre de Dios y su autoridad como Gobernante del universo deben de ser mantenidos. Cuando la idolatría está alzando su orgullosa cabeza, cuando la blasfemia y la rebelión están fortaleciéndose, entonces, Dios reprueba los pecados de las naciones y las manifestaciones de su ira divina, las cuales ellos han provocado, caen sobre los transgresores de su ley. El Altísimo envía su orden de destrucción y escoge los instrumentos para llevar a cabo su voluntad. Se requiere que esos mensajeros de Dios realicen fielmente la obra que se les ha señalado, no importa cuán repulsiva resulte a sus sentimientos naturales. La historia sagrada no registra ningún caso en el cual esos hombres fueron condenados por una excesiva minuciosidad y severidad, sino que Dios ha censurado a sus siervos muchas veces por su falta de fidelidad al ejecutar sus juicios. Dios quisiera enseñarnos la lección de que en el juicio futuro, el castigo será impuesto sobre cada alma humana que obra el mal, de acuerdo a las obras realizadas en el cuerpo. Véase Romanos 2:6, 9.
El método de Dios para tratar con el pecado, no está de acuerdo con los puntos de vista acariciados por una clase numerosa que ocupa una posición prominente entre los profesos seguidores de Cristo. Muchos de esos hombres acarician el pecado, alaban la benevolencia y la paciencia de Dios y se espacían en el carácter amoroso de Jesús —en toda su misericordia y ternura— mientras pasan por alto las amenazas de la ira de Dios sobre el pecado y los pecadores, y las severas reprensiones de nuestro Salvador en contra de la hipocresía y el engaño propio. Quienes no tienen un profundo sentido de la enorme pecaminosidad del pecado, son los que están listos para poner en duda la justicia de Dios al castigar con tal severidad los pecados de los amalecitas, los cananeos y los madianitas. Los que aman el pecado son incapaces de comprender el trato de Dios con sus súbditos.
En nuestros días, como en los tiempos antiguos, hay una obra desagradable que hacer al reprobar el pecado. En esta obra, Dios usa hombres como sus instrumentos —hombres con un propósito determinado, a quienes ninguna amenaza o peligro los pueda intimidar, ni ninguna molestia los apartará de la senda del deber— hombres que nunca olvidarán su comisión sagrada como siervos del Altísimo. El Señor llama a hombres para que actúen prestamente, con el valor de héroes y la firmeza y fe de los mártires, para destrozar las imágenes idólatras que han usurpado su lugar en las mentes de los hombres y para que enfrenten a las fuerzas del mal en los campos de batalla. Pero en todo esto, no hay excusa para que ninguno consienta en la dureza o la severidad para gratificar sus propios sentimientos equivocados.
Dios quiere hombres a quienes él pueda usar para su gloria, ya sea para censurar y para ejecutar justicia o, con un corazón lleno de piedad y benevolencia, para llevar luz a los hogares llenos de oscuridad, para hablar paz al alma atormentada y señalar al pecador el amor perdonador de Cristo. La gran necesidad para este tiempo es la de hombres que estén calificados para hacer la voluntad de Dios —hombres que escucharán con corazones devotos las palabras de Dios y que se apresurarán a obedecer su voz.
Hay hombres llenos de celo, que afirman estar haciendo la voluntad de Dios, mientras que en realidad son gobernados por el impulso humano. Se sienten en libertad de desconfiar de los que no están de acuerdo con sus ideas, de criticarlos y desafiarlos. Se vuelven ofensivos a Dios y a su pueblo. Continuamente lastiman [a otros] y por su conducta equivocada, crean en otras personas un espíritu de desconfianza y odio hacia Dios, porque él emplea a tales hombres para hacer su obra. Pero el Señor no le da a esos hombres la gran obra que ellos consideran como suya. Si lo hiciera, les daría gracia para realizarla de acuerdo al orden del cielo, no al suyo. Aquellos a quienes se les permite ser colaboradores con Dios, deben cultivar el sentimiento de que en cada plan y obra, están haciendo la voluntad del Altísimo y que en toda emergencia, el Espíritu de Dios, no él de los hombres, ha de controlar.
Balaam, habiéndose rendido al control de la codicia y teniendo su corazón endurecido por la persistente rebelión, había unido su suerte con la de los madianitas y pereció en la matanza general. Había sentido el presentimiento de que su propio fin estaba cerca cuando exclamó: “Muera yo la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como la suya”. Números 23:10. La suerte de Balaam es similar a la de Judas y sus caracteres tienen una marcada semejanza. Ambos habían recibido mucha luz y gozado de privilegios especiales, pero, como la gangrena, un simple pecado acariciado, envenenó todo el carácter y los llevó a la perdición.
Aunque los victoriosos israelitas destruyeron completamente los ejércitos de Madián, perdonaron a las mujeres y a los niños y los trajeron al campamento como cautivos. Cuando Moisés descubrió esto, se alarmó e indignó, y reprochó a los oficiales del ejército de esta manera: “He aquí, por consejo de Balaam ellas fueron causa de que los hijos de Israel prevaricasen contra Jehová en lo tocante a Baal–peor, por lo que hubo mortandad en la congregación de Jehová.” Números 31:16. [Los israelitas] no habían sido meticulosos al ejecutar los mandatos de Dios. La guerra en contra de Madián había sido una justa retribución sobre un pueblo culpable, del cual las mujeres habían sido las criminales principales. Si estas mujeres idólatras y licenciosas hubieran sido preservadas como cautivas, su presencia habría puesto constantemente en peligro la moral de Israel. La simpatía con la que se había perdonado a estas transgresoras estaba en contra de la voluntad de Dios.
Hay una simpatía por el pecado y por los pecadores que es peligrosa para la prosperidad de la iglesia en estos tiempos. Debéis tener caridad es el clamor. Pero ese sentimiento que excusaría el mal y protegería al culpable no es la caridad bíblica. La amistad de los impíos es más peligrosa que su enemistad, porque ninguno puede prevalecer en contra de los siervos del Dios viviente, excepto al tentarlos a la desobediencia.
El carácter ofensivo del pecado puede ser estimado solamente a la luz de la cruz. Cuando los hombres insisten en que Dios es demasiado misericordioso como para castigar a los transgresores de su ley, que contemplen el Calvario, que se den cuenta de que fue porque Cristo tomó sobre sí mismo la culpa del desobediente y sufrió en lugar de los pecadores, que la espada de la justicia se dejó caer sobre el Hijo de Dios. Fue para salvarnos de la vergüenza y de la confusión perpetua que él soportó el rechazo y la burla que el mundo acumuló sobre él. Fueron nuestros pecados los que causaron tan intensa agonía al Salvador, vertiendo oscuridad en su alma y arrancando de sus pálidos labios el angustioso clamor: “¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Marcos 15:34.
Él fue contado entre los transgresores, hizo de su alma una ofrenda por el pecado para que en su justicia, el creyente, el pecador arrepentido pudiera estar justificado ante Dios.
Después de todo esto, si el hombre se niega a responder al gran sacrificio que ha sido hecho para ennoblecerlo y salvarlo, si obstinadamente escoge el camino del pecado, ¿lo excusará el gran Juez de la tierra de la transgresión voluntaria de su santa ley? Seguramente, todo lo que es noble y generoso en nuestra naturaleza debe responder a este amor como Jesús lo manifestó al sufrir por amor a nosotros. Que él tomara sobre sí mismo la naturaleza caída del hombre y sacrificara su vida por una raza de rebeldes, fue un ejemplo de humillación sin precedentes y la forma de su muerte hace esa humillación más evidente. Él se hizo “obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Filipenses 2:8.
Jesús no era insensible a la ignominia. Sintió la desgracia del pecado mucho más agudamente de lo que es posible para el hombre sentirla, y su naturaleza divina y sin pecado fue exaltada sobre la naturaleza del hombre. Nunca debemos considerar el pensamiento de que la Majestad del cielo, tan santa y sin mancha, no fue agudamente sensitiva al desprecio y a la burla, al abuso y al dolor. Él le preguntó a la turba asesina en el Getsemaní: “¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos a prenderme?” Mateo 26:55. Jesús sintió agudamente este trato vergonzoso, sin embargo, por amor a nosotros, él soportó la muerte más ignominiosa y dolorosa que pudieran experimentar los mortales; una muerte que era apropiada para el más degradado de los criminales fue la que el Señor de Gloria sufrió para rescatar al hombre culpable. Que ninguno se jacte de que puede continuar en pecado y aún tener parte en la gran salvación que Cristo compró a un precio tan elevado, Dios es misericordioso y compasivo, pero él es también justo. Que la cruz del Calvario resuelva ese asunto para siempre. Tan ciertamente como Cristo, quien era inocente, sufrió por el culpable, de la misma manera, la ira de Dios caerá sobre las cabezas de los que persistan en transgredir su ley.
Signs of the Times, 6 de enero de 1881.

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¿QUÉ DEBEMOS LEER?


Por Elena G. de White


EL PROBLEMA de lo que leemos no es muy agitado hoy en día, aún entre los reformadores. ¿Por qué? Probablemente porque la nuestra es una generación que emplea poco tiempo en la lectura. Muchos prefieren usar su tiempo viendo un video, escuchando cintas grabadas o la radio. Recomendamos al lector que considere la aplicación de los principios que el Señor diseñó, para que hagamos una evaluación sobre cuál es la lectura apropiada, y consideremos cuáles programas en video o en audio son sanos y dignos de nuestro precioso tiempo. EL EDITOR.


La educación no es más que una preparación de las facultades físicas, intelectuales y espirituales para una mejor realización de todos los deberes de la vida. Las facultades de resistencia y la fuerza y actividad del cerebro son disminuídas o incrementadas por la manera en la cual son empleadas. La mente debe ser disciplinada de tal manera que todas sus facultades sean desarrolladas simétricamente.

Muchos jóvenes están ansiosos por los libros. Desean leer todo lo que puedan obtener. Que tengan precaución con respecto a lo que leen, como también acerca de lo que escuchen, He sido instruída de que ellos están en el mayor peligro de ser corrompidos por la lectura inapropiada. Satanás tiene miles maneeras de turbar las mentes de los jóvenes. Ellos no pueden estar a salvo si no están alertas en todo momento. Deben vigilar sus mentes, para que no sean seducidas por las tentaciones del enemigo.

Satanás sabe que la mente es afectada en alto grado por aquello de lo que se alimenta. Él está buscando llevar tanto a los jóvenes como a aquellos de edad madura a leer libros de historia, cuentos y otra literatura. Los lectores de esta clase de literaturra se inhabilitan para los deberes que están ante ellos. Viven una vida irreal y no tienen deseo de escudriñar las Escrituras para alimentarse del maná celestial. La mente que necesita ser fortalecida, es debilitada y pierde su poder para estudiar las grandes verdades que se relacionan con la misión y la obra de Cristo—las verdades que fortalecerían la mente, despertarían la imaginación y avivarían un fuerte deseo de vencer como Cristo venció.

Si una gran porción de los libros publicados pudiera ser consumida, una plaga que está haciendo una obra horrenda en la mente y en el corazón, podría ser detenida. Las historias de amor, las fábulas frívolas y excitantes y aún los libros que son catalogados como novelas religiosas—libros en los cuales el autor añade a su historia una lección moral—son una maldición para los lectores. Todos los sentimientos religiosos pueden ser entretejidos a través de un libro de hisstorias, pero, en la mayoría de los casos, Satanás está cubierto con vestiduras angelicales para podeer engañar y seducir de la manera más efectiva. Nadie está tan afianzado en los principios correctos, tan seguro contra la tentación, como para que no esté en peligro al leer esas historias.

Los lectores de ficción están complaciéndose en un mal que destruye la espiritualidad, eclipsando la belleza de la página sagrada. Esto crea una excitación malsana, enardece la imaginación, inhabilita la mente para ser útil, apaarta el alma de la oración y la descalifica para cualquier ejercicio espiritual.

Dios ha dotado a muchos de nuestros jóvenes con habilidades superiorees; pero muy a menudo ellos han enervado sus facultades, confundido y debilitado sus mentes de manera que por años no han crecido en la gracia o en el conocimiento de las razones de nuestra fe, debido a que no escogieron sabiamente su lectura. Aquellos que están esperando que el Señor venga pronto, “esto corruptible sea hecho incorruptible,” debeerían, en este tiempo de graccia permanecer sobre un plano de acción más elevado.

Mis queridos amigos y jóvenes, considerad vuestra propia experiencia en lo concerniente a la influencia de estas historias excitantes. ¿Pueden ustedes, después de semejante lectura, abrir la Biblia y leer con interés las palabras de vida? ¿No encuentran el libro de Dios carente de interés? El encanto de la historia de amor está en la mente, destruyendo su tono saludable y haciendo imposible que fijéis vuestra atención en las verdades importantes y solemnes, concernientes a vuestro bienestar eterno.

La naturaleza de la experiencia religiosa de una persona es reveladda por el carácter de los libros que escoge para leer en sus momentos libres. Para que tenga una mente sana y unos principios religiosos sóliddos, la juventud debe vivir en comunión con Dios a través de su Palabra. Señalando el camino de salvación a través de Cristo, la Biblia es nuestra Guía para una vida mejor y más elevada. Ésta contiene las biografías e historias más interesantes e instructivas que jamás se haayan escrito. Aquellos cuya imaginación no ha sido pervertida por la lectura de la ficción, encontrarán que la Biblia es el libro más interesante.

Descartad con determinación toda la lectura sin valor. Ésta no fortalecerá vuestra espiritualidad, sino que introducirá en vuestra mente sentimientos que pervierten la imaginación, ocasionando que penséis menos en Jesús y que meditéis menos en sus preciosas lecciones. Mantened la mente libre de todo lo que la pueda conducir en la dirección equivocada. No la abruméis con historias que no tienen valor, las cuales no fortalecen las facultades mentales. Los pensamientos son del mismo carácteer que el alimento provisto para la mente.

La Biblia es el Libro de los libros. Si amáis la Palabra de Dios, escudriñadla cada vez que tengáis oportuniddad, para que entréis en posesión de sus valiosos tesoros y seáis enteramente instruíddos para toda buena obra, entonces, podréis tener la seguriddad de que Jesús os está atrayendo hacia sí mismo. Pero no es suficiente leer la Escritura de una manera casual, sin buscar comprender la lección de Cristo para que podáis cumplir con sus requerimientos. Hay tesoros en la Palabra de Dios que pueden ser descubiertos sólo al introducir profundamente el barreno en la Mina de la Verdad.

La mente carnal rechaza la verdad; pero el alma que está convertida experimenta un cambio maravilloso. El Libro que antes carecía de atractivo y que revelaba verdades que testificaban en contra del pecador, ahora es el alimento del alma, el gozo y la consolación de la vida. El Sol de Justicia ilumina las Páginas Sagradas y el Espíritu Santo habla al alma a trvés de ellas. Para aquellos que aman a Cristo, la Biblia es como el jardín de Dios. Sus promesas son tan gratas al corazón como la fragancia de las flores son a los sentidos.

Que todos los que han cultivado un amor por la lecturra ligera, dirijan ahora su atención a la infalible Palabra de la Profecía. Tomen sus Biblias y empiecen a estudiar con interés fresco los Registros Sagrados del Antiguo y del Nuevo Testamento. Mientras más a menudo y con mayor diligencia estudiéis vuestras Biblias, más hermosa parecerá, y menos disfrutaréis de la lectura ligera. Unid este Precioso Volumen a vuestros corazones. Éste será para vosotros un Amigo y Guía. The Youth’s Instructor, 9 de octubre de 1902.

Sugerimos esta dirección web para aquellos que deseen leer libros en castellano que se puedan descargar gratuitamente:
http://caminoalcielo.com/

LECCIONES DE EXPERIENCIAS PASADAS


LOS TESTIMONIOS de los primeros pioneros de la iglesia generalmente proporcionan aliento y lecciones oportunas para el pueblo de Dios que está viviendo más de 150 años después de qu el movimiento adventista empezó. Uno de estos miembros fue George O. States, autor del libro titulado My Lodge Experience: Secret Order and Why I Left It. [Mi Experiencia en la Logia: La Orden Secreta y Por qué la Dejé.] States también escribió una serie de relatos cortos titulados:
“Lessons From Past Experiences,” [Lecciones de Experiencias Pasadas, ] algunas de las cuales fueron experiencias directas con la familia White. Estas series fueron publicadas en la Review and Herald de los años 1906 1908.

No. 1

En el verano de 1853, algunas reuniuones para los creyentes en el condado de Jackson, Michigan, fueron llevadas a cabo en un granero nuevo en Sylvan. Esta reunión fue dirigida por el Hno. y la Hna. White y la mayoría de los ministros de Michigan estuvieron presentes. Mi madre había comenzado a observar el sábado y creo que fue bautizada en esa reunión.

En esa ocasión la Hna. White fue arrebatada en visión y se le mostraron algunas cosas relacionadas con la obra en Michigan. Ella presentó un testimonio personal para H. S. Case, el cual él rechazó. En esos primeros días del mensaje no teníamos organización y cualquiera que sentía que tenía un llamado para dar el mensaje, simplemente conseguía a algún ministro que tuvieera una buena reputación para que le diera una declaración escrita que lo recomendara a nuestro pueblo. De esa manera entraron entre nosotros algunos representantes mediocres de la verdad que estaban predicando. En esa visión se le mostró a la Hna. White que algunos de los ministros estaban usando tabaco y ellos fueron censurados por hacer esto. Un ministro se paró y discutió en favor del tabaco diciendo que éste era de ayuda para él y que algunos habían declarado qué bueno había sido uno de sus sermones, pero el hecho fue que cuando él lo predicó, tenía un pedazo de tabaco en su boca que había sido remojado en coñac durante la noche. El Hno. White recalcó que él había predicado bajo la inspiración del tabaco y del coñac en lugar del Espíritu de Dios.

Mi madre me explicó acerca de la visión de la Hna. White durante la cual ella estuvo por algún tiempo sin respirar mientras sus ojos estaban abiertos, de igual forma que los profetas de los tiempos bíblicos. A pesar de que sólo era un niño, estas cosas me impresionaron y están todavía muy vívidas en mi mente. Como resultado de ese testimonio, fue decidido que el uso del tabaco no estaba de acuerdo con el mensaje, el cual era el de preparar a un pueblo para “presentarse sin falta ante el trono” y de allí en adelante nadie que lo usara seería recomendado para predicar. Aquellos que se preocuparon más por su tabaco que por la verdad, nos dejaron cuando esta deslealtad a Dios les fue impuesta.

No.2

Poco tiempo después de esta reunión en Sylvan, H. S. Case convocó una reunión para saber cuántos estaban dispuestos a apoyarlo en su obra de oposición a las visiones de la Hnaa. White. Cuando la prueba vino, casi la mitad de los creyentes se pusieron de su parte. Todos ellos declararon cuán firmeemente creían en el sábado y en otros aspectos del menssaje y que cada porción estaba correcta con excepción de las visiones y que ellos siempre guardarían el sábado y apoyarían firmemente la verdad. Pronto empezaron un periódico llamado The Messenger of Truth [El Mensajero de la Verdad], el cual estaba lleno de declaraciones falsas de nuestra obra y manifestaron las grandes cosas que esperaban lograr cuando aquellos que eran dirigidos por una mujer hubieran fracasado. Éste fue sin lugar a dudas un tiempo de prueba para los creyentes, mientras éramos ridiculizados por apoyar los Testimonios.

Por un tiempo, esto pareció muy desalentador y las horas de trabajo de nuestros ministros leales estaban ocupadas en exponer las falsedades que eran pronunciadas por el Partido del Mensajero. Tan pronto como se expuso una falsedad, otra fue inventada y pensamos con seguridad que ésta debería ser denunciada. Alrededdor de ese tiempo se le mostró a la Hna. White que si nos manteníamos en nuestra obra, predicando la verddad sin tener en cuenta a los del Partido del Mensajero, ellos terminarían batallando entre ellos mismos y pronto nuestros números aumentarían al doble. Siguiendo esta instrucción del Señor, nuestra obra avanzó como nunca y los líderees de la oposición empezaron a pelear entre ellos. Su dirigente, H. S. Case, pronto abandonó el ssábado y por años vivió en el norte de Michigan trabajando en la pesca. Llegó a ser un hombre muy profano y murio en esa condición.

Cuando ese periódico se suspendió, sus seguidores dejaron el sábado o se decidieron por el mensaje completo. Esto terminó con la primera oposición abierta probando la verdad de 2 Crónicas 20:20. “Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados”. En las oposiciones que se presentaron más tarde, vemos que todas ellas han sido del mismo carácter que la primera.

En Defensa de la Ley de Dios



Por Jeff Wehr
Jesús dijo, “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasarán de ningún modo de la ley, hasta que todo se haya realizado. Por tanto, cualquiera que suprima uno de estos mandamientos aun de los más insignificantes, y enseñe así a los hombres, será llamado el menor en el reino de los cielos; mas cualquiera que los cumpla y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.” Mateo 5:17–19.
Me he sentido impulsado a escribir esta serie de artículos en defensa de los Diez Mandamientos porque:
– La ley de Dios es: santa, justa y buena [y] espiritual. Véase Romanos 7:12, 14.
– Todos seremos juzgados por esa “ley de la libertad”. Santiago 2:12.
– Jesús venció y condenó al pecado en nuestra carne y sangre “para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, los que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Romanos 8:4.
– Vivimos en un mundo donde la desobediencia abunda.
– Muchos en la cristiandad enseñan que los cristianos no están bajo ninguna obligación de guardar la ley moral de Dios.
– El papado da a entender que tiene la autoridad para cambiar la ley de Dios.
– Muchos protestantes están trabajando actualmente con el Vaticano para legislar leyes dominicales obligatorias, que no son ni constitucionales ni bíblicas.
Muchos de los más respetados eruditos cristianos han reconocido las demandas obligatorias de los Diez Mandamientos de Dios.
Dwight L. Moody dijo: “La ley que fue dada en el Sinaí no ha perdido su solemnidad. El tiempo no puede borrar su autoridad o el hecho de su autoridad . . . Nunca he conocido a un hombre honesto que le haya encontrado defectos a los Diez Mandamientos . . . Los Mandamientos de Dios dados a Moisés en el monte en Horeb son obligatorios hoy, como siempre lo han sido desde el tiempo en que fueron proclamados a los oídos del pueblo.” Weighed and Wanting, págs. 11, 15.
El fundador de la Iglesia Presbiteriana, John Calvin, dijo: “No debemos imaginar que la venida de Cristo nos ha liberado de la autoridad de la ley, porque es la regla eterna de una vida devota y santa y por lo tanto es tan inalterable como la justicia de Dios, la cual ésta abarca, y es constante y uniforme.” Calvin’s Comment en Mateo 5:17 y Lucas 16:17, en el Commentary on a Harmony of the Gospels, tomo 1, pág. 277.
El predicador bautista Charles Spurgeon dijo: “La ley de Dios debe ser perpetua. No ha sido abrogada, ni reformada. No debe ser atenuada o ajustada a nuestra condición caída; porque cada uno de los juicios justos del Señor permanecerá para siempre . . . Para mostrar que él nunca intentó abrogar la ley, nuestro Señor Jesús personificó todos sus requerimientos en su propia vida.” Branson, In Defense of the Faith, págs. 21–22.
El metodista, Dr. Adam Clarke escribió: “De manera que parece que el hombre no puede tener una noción verdadera del pecado sino es solamente por medio de la ley de Dios . . . Y nótese que la ley no sólo llenó este propósito únicamente entre los judíos en los días del apóstol; sino que también es tan necesaria para los gentiles en esta hora presente. Tampoco encontramos que el verdadero arrepentimiento toma lugar donde la ley moral no es predicada o puesta en vigor. Los que predican el Evangelio solamente a los pecadores, en el mejor de los casos, sólo curan ligeramente el quebranto de la hija de mi pueblo. Por lo tanto, la ley, es el gran instrumento en las manos del ministro fiel para alertar y despertar a los pecadores, y con toda seguridad, él puede mostrar que cada pecador está bajo la ley, y por consiguiente, bajo su maldición, los que no se han refugiado para asirse de la esperanza puesta delante de nosotros por el Evangelio: porque también en ese sentido, Jesucristo es el fin de la ley para justicia a todos los que creen. (Véase Romanos 7:13.)” A Commentary and Critical Notes, New York: Lane and Scott, pág. 1851.
El erudito presbiteriano Dr. Albert Barnes escribió: “De aquí aprendemos: [1. Que toda la ley de Dios es obligatoria para los cristianos. Compárese con Santiago 2:10. [2. Que todos los mandamientos de Dios deberían ser predicados en su lugar apropiado por los ministros cristianos. [3. Que aquellos que pretenden que hay leyes de Dios tan pequeñas que no necesitan ser obedecidas, no son merecedores de su reino. Y [4. Que la verdadera piedad respeta todos los mandamientos de Dios. Compárese con el Salmo 119:6.” Barnes, Commentary, nota sobre Mateo 5:19.
El gran predicador John Wesley escribió: “La ley ritual o ceremonial, dada por Moisés a los hijos de Israel, conteniendo todas las ordenanzas y preceptos que se relacionaban con los sacrificios antiguos y con el servicio del templo, el Señor ciertamente vino a destruir, disolver y a abolir completamente. Todos los apóstoles testifican acerca de esto. . . Esta ‘escritura de ordenanzas’ nuestro Señor la borró, la quitó y la clavó a la cruz. Véase Colosenses 2:14.
Pero él no quitó la ley moral contenida en los Diez Mandamientos y puesta en vigor por los profetas. No fue el propósito de su venida revocar ninguna parte de ella. Esta es una ley que nunca puede ser quebrantada, que permanece ‘como un testigo fiel en el cielo.’ La ley moral se perpetúa sobre un fundamento completamente diferente de la ley ritual o ceremonial . . . Cada parte de esta ley debe permanecer en vigor para toda la humanidad en todas las edades, sin depender ya sea del tiempo, el lugar o cualquier otra circunstancia susceptible a cambio; sino en la naturaleza de Dios y en la naturaleza del hombre y en su relación inmutable del uno con el otro.” Sermons on Several Occasions, tomo 1, págs. 221–222.
En otro lugar, John Wesley dijo: “La más sorprendente de todas las circunstancias que acompañan a este poderoso engaño, es que los que se han entregado a éste, ¡realmente creen que honran a Cristo al destruir su ley y que están magnificando su ministerio mientras están arruinando su doctrina! Sí, ellos lo honran de la misma manera en que lo hizo Judas cuando dijo: ‘Salve Maestro,’ y lo besó’. Véase Mateo 26:49. Y él puede decirle tan justamente a cada uno de ellos: ‘¿Con un beso entregas al Hijo del Hombre?’ Lucas 22:48. No es nada más que traicionarlo con un beso, al hablar de su sangre y quitarle su corona; ver la luz por cualquier parte de su ley bajo el pretexto de avanzar su Evangelio. Ciertamente, nadie que predique la fe de esta manera, ya sea directa o indirectamente y tienda a poner a un lado cualquier rama de obediencia, puede escapar de esta acusación y el que predica a Cristo como para anular o debilitar en cualquier manera, el menor de los mandamientos de Dios.” Works of Wesley, tomo 1, págs. 225–226.
Entonces, ¿qué es la ley de Dios? Los Diez Mandamientos de Dios son sus reglas morales que gobiernan su creación. Los primeros cuatro mandamientos, definen nuestra amorosa relación con Dios y los últimos seis, nuestra amorosa relación con nuestro prójimo. Si estos mandamientos fueran guardados estrictamente, producirían comunidades llenas de decencia y tranquilidad doméstica. No habría idolatría, profanidad, quebrantamiento del sábado, desobediencia a los padres, asesinato, adulterio, robo, mentira o codicia. ¿Le gustaría vivir en una comunidad como esa?
La ley de Dios es eterna e inmutable como Dios mismo. La Biblia dice, “Fieles son todos sus mandamientos, afirmados eternamente y para siempre.” “Y eterno es todo juicio de tu justicia”. Salmo 111:7–8; 119: 160.
Algunos enseñan que la ley de Dios ha sido abolida, pero Jesús dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasarán de ningún modo de la ley, hasta que todo se haya realizado.” Mateo 5:17–18. Jesús dijo acerca de sí mismo: “Yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”. Juan 15:10. De hecho, el profeta Isaías dijo con respecto al Salvador: “Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla.” Isaías 42:21. ¿Magnificó Jesús la ley y la honró al abolirla? ¡En ninguna manera! Cristo vino y vivió una vida sin pecado “para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, los que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Romanos 8:4.
Entonces, ¿cómo magnificó Cristo la ley? Jesús dijo: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” Mateo 5:27–28. ¿Abolió Jesús el séptimo mandamiento? ¡Ciertamente no! Él hizo justamente lo opuesto. Cristo definió el adulterio más allá del acto físico. Él magnificó la ley al declarar que usted puede cometer adulterio en su corazón.
Nunca en las Escrituras, ninguno de los Diez Mandamientos es minimizado o abolido. Pablo hace la misma pregunta acerca de si la ley es abolida. “¿Luego invalidamos la ley por medio de la fe?” ¿Cuál es la respuesta? “¡En ninguna manera!, sino que afianzamos la ley”. Romanos 3:31.
A través de la Biblia, la ley de Dios es exaltada. Pablo dijo: “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. . . Porque sabemos que la ley es espiritual . . . me deleito en la ley de Dios”. Romanos 7:12, 14, 22. Pablo no nos dice que la ley fue santa, buena y espiritual. Él declara que la ley es santa, buena y espiritual. Después de todo, el salmista dice: “La ley de Jehová es perfecta, que reconforta el alma”. Salmo 19:7. Y Salomón escribió: “La conclusión de todo el discurso oído es ésta: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.” Eclesiastés 12:13.
El amado Juan declara: “El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él.” 1 Juan 2:4. Santiago dice: “Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero ofende en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también dijo: No cometerás homicidio. Ahora bien, sí no cometes adulterio, pero cometes homicidio, ya te has hecho transgresor de la ley.” Santiago 2:10–11.
Cuando un joven vino a Jesús y le preguntó cómo podía recibir la vida eterna, Jesús le dijo, “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”. Mateo 19:17.
Cuando Jesús reprendió a los líderes religiosos de su tiempo por su hipocresía, él dijo, “¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre”. Mateo 15:3–4.
Estos principios morales existieron mucho antes de la entrada del pecado y la creación de este mundo. La Biblia dice: “Toda injusticia es pecado”. 1 Juan 5:17. “El pecado es infracción de la ley”. 1 Juan 3:4. “Pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión”. Romanos 4:15. Y “no se imputa donde no hay ley”. Romanos 5:13. Por lo tanto, donde hay pecado están las demandas obligatorias de la ley de Dios.
El pacto que Dios quiere hacer con nosotros incluye su ley. La Biblia dice, “Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y las inscribiré en sus mentes, y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades.” Hebreos 10:16–17. Véase también Jeremías 31:33.
Dios quiere escribir su ley en nuestros corazones y mentes. Él quiere que no sólo conozcamos sus mandamientos (en la mente) sino que los amemos (en nuestro corazón.) Pablo dice, “me deleito en la ley de Dios”. Romanos 7:22.
Santiago dijo: “Si en verdad cumplís la ley regia, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis”. Santiago 2:8. Se requiere amor para guardar los mandamientos de Dios. Como Jesús dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primero y gran mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas”. Mateo 22:37–40.
Pablo declara que el “objetivo” o el cumplimiento “de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida”. 1 Timoteo 1:5. Otra vez Pablo escribe, “No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque lo de: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta máxima se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que la plenitud de la ley es el amor.” Romanos 13:8–10.
Al final, Dios tendrá nuevamente un pueblo que por su gracia guardará todos los Diez Mandamientos . La Biblia declara: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.” “Entonces el dragón se encolerizó contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.” Apocalipsis 14:12; 12:17.
Estos santos de los últimos días escogerán guardar sus mandamientos porque:
– Cristo es digno de nuestra obediencia;
– queremos agradar al que nos creó y murió por nosotros;
– deseamos mostrar nuestro amor tanto a Dios como al hombre;
– los mandamientos son una delicia.
– queremos estar protegidos de los resultados seguros que trae su transgresión;
– debemos prepararnos a través de la gracia divina, para vivir a la vista de un Dios santo; y
– necesitamos prepararnos mediante la fe para vivir en armonía con los ángeles santos y los habitantes de los mundos no caídos. Después de todo: “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para poder tener acceso al árbol de la vida y para entrar por las puertas en la ciudad.” Apocalipsis 22:14.