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Tuesday, June 8, 2010

Una Generacion Escogida---Parte 3

Por Ron Spear


“Dios aceptará únicamente a los que están determinados a ponerse un blanco elevado. Coloca a cada agente humano bajo la obligación de hacer lo mejor que puede. De todos exige perfección moral. Nunca debiéramos rebajar la norma de justicia a fin de contemporizar con malas tendencias heredadas o cultivadas. Necesitamos comprender que es pecado la imperfección de carácter. En Dios se hallan todos los atributos justos del carácter como un todo perfecto y armonioso, y cada uno de los que recibe a Cristo como su Salvador personal, tiene el privilegio de poseer esos atributos.” Palabras de Vidas del Gran Maestro, pág. 265.
“Sin embargo, Cristo no nos ha dado la seguridad de que sea asunto fácil lograr la perfección del carácter. Un carácter noble, cabal, no se hereda. No lo recibimos accidentalmente. Un carácter noble se obtiene mediante esfuerzos individuales, realizados por los méritos y la gracia de Cristo. Dios da los talentos, las facultades mentales; nosotros formamos el carácter. Lo desarrollamos sosteniendo rudas y severas batallas contra el yo. Hay que sostener conflicto tras conflicto contra las tendencias hereditarias. Tendremos que criticarnos a nosotros mismos severamente, y no permitir que quede sin corregir un solo rasgo desfavorable.” Ibid. , pág. 266.
“Nadie diga: No puedo remediar mis defectos de carácter. Si llegáis a esta conclusión, dejaréis ciertamente de obtener la vida eterna. La imposibilidad reside en vuestra propia voluntad. Si no queréis, no podéis vencer. La verdadera dificultad proviene de la corrupción de un corazón no santificado y de la falta de voluntad para someterse al gobierno de Dios.” Ibid.
####FAVOR DE CHEQUEAR ESTA CITA, NO TENEMOS EL LIBRO EN ESPAÑOL### “La perfección del carácter cristiano, debe ser el blanco y el propósito de nuestra vida. Los seguidores de Cristo deben imitarlo en su disposición . . . El lema es como Cristo, no como vuestro padre o vuestra madre, sino como Jesucristo —ocultos en Cristo, vestidos de la justicia de Cristo, imbuidos con el Espíritu de Cristo.” Nuestra Elevada Vocación, pág. 31
Nuestras vidas son muy frágiles. El aire que respiramos proviene de Dios y mientras respiremos, podemos usar la inteligencia de nuestra mente para buscar una relación más estrecha con Jesús. Rindiendo nuestra voluntad a él, momento tras momento, con una obediencia amorosa a toda la verdad conocida y buscando constantemente más verdad, a fin de obtener una experiencia mayor para vencer todas las tendencias heredadas y cultivadas hacia el pecado, es la obra de nuestra vida. Este logro nos convertirá en su generación escogida, un pueblo peculiar.
“Todos los que consagran su alma, cuerpo y espíritu a Dios, recibirán constantemente una nueva medida de fuerzas físicas y mentales. Las inagotables provisiones del Cielo están a su disposición. Cristo les da el aliento de su propio espíritu, la vida de su propia vida. El Espíritu Santo despliega sus más altas energías para obrar en el corazón y la mente. La gracia de Dios amplía y multiplica sus facultades y toda perfección de la naturaleza divina los auxilia en la obra de salvar almas. Por la cooperación con Cristo, son completos en él, y en su debilidad humana son habilitados para hacer las obras de la Omnipotencia.” El Deseado de Todas las Gentes, págs. 767–768.
“El Salvador anhela manifestar su gracia e imprimir su carácter en el mundo entero. Es su posesión comprada, y anhela hacer a los hombres libres, puros y santos. Aunque Satanás obra para impedir este propósito, por la sangre derramada para el mundo hay triunfos que han de lograrse y que reportarán gloria a Dios y al Cordero. Cristo no quedará satisfecho hasta que la victoria sea completa, y él vea ‘del trabajo de su alma . . . y será saciado.’ Isaías 53:11.” Ibid, pág. 768.
Dios está ahora esperando por su generación escogida de los últimos días, su pueblo peculiar, la Iglesia Adventista del Séptimo Día, para demostrar al mundo condenado lo que él puede hacer con todos los seres humanos caídos, cuando ellos están dispuestos a entregar sus vidas a su servicio. Véase El Deseado de Todas las Gentes, pág. 99.
Pronto el cuarto ángel de Apocalipsis 18 se unirá al tercer ángel de Apocalipsis 14, y entonces habrá un fuerte pregón en la experiencia de la lluvia tardía. El mundo será advertido, las leyes dominicales se convertirán finalmente en una realidad, el sello de Dios será colocado sobre los fieles y obedientes y la marca de la bestia caerá sobre los desobedientes.
Esforcémonos ahora por alcanzar la elevada norma de justicia, para que podamos ser su generación escogida, su pueblo peculiar.

Concluido.

Tuesday, June 1, 2010

Una Generacion Escogida---Parte 2


Cada día se convierte en una batalla con Satanás mientras marchamos hacia la meta de la santidad y la perfección en Cristo.
“Pero habiendo alcanzado esa experiencia, el cristiano no debe por lo tanto cruzarse de brazos conforme con lo que ha logrado. Aquel que está determinado a entrar en el reino espiritual encontrará que todos los poderes y las pasiones de la naturaleza no regenerada, respaldadas por las fuerzas del reino de las tinieblas, están preparadas para atacarle. Cada día debe renovar su consagración, cada día debe batallar contra el pecado. Los hábitos antiguos, las tendencias hereditarias hacia el mal, se disputarán el dominio, y contra ellos debe siempre velar, apoyándose en el poder de Cristo para obtener la victoria.” Los Hechos de los Apóstoles, pág. 380.
Deseamos ser parte de la generación escogida de Dios, un pueblo peculiar. Cuando estamos en Cristo somos nuevas criaturas; estamos determinados a romper las cadenas (hábitos) que nos han mantenido en pecado. En Cristo somos liberados, nacidos del Espíritu y transformados a la imagen de Dios. Véase 1 Juan 3:6–9. Cuando esta meta es lograda, entonces Cristo mora en nosotros, la Esperanza de gloria.
“ ‘ De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.’ 2 Corintios 5:17. Por medio del poder de Cristo, los hombres y las mujeres han roto las cadenas de los hábitos pecaminosos. Han renunciado al egoísmo. El profano se transforma en reverente, el borracho en sobrio, el libertino en puro. Almas que habían manifestado la semejanza de Satanás, han llegado a transformarse a la imagen de Dios. Este cambio, en sí mismo, es el milagro de los milagros. El cambio realizado por la Palabra es uno de los más profundos misterios de ella. No lo podemos entender; solamente podemos creerlo, como lo señalan las Escrituras: ‘Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.’ Colosenses 1:27.” Los Hechos de los Apostoles págs. 379–380.
En esta nueva relación, el pecador tiene paz con Dios en la certeza del perdón de todos sus pecados. Véase 1 Juan 1:7–9. Él tiene una nueva canción que entonar:
“Cuando el Espíritu de Dios domina la mente y el corazón, el alma convertida prorrumpe en una nueva canción; porque ha reconocido que la promesa de Dios ha sido cumplida en su experiencia, que su transgresión ha sido perdonada, su pecado cubierto. Ha sentido arrepentimiento hacia Dios por la violación de su divina ley, y fe hacia Cristo, quien murió por la justificación del hombre. Justificado ‘pues por la fe’ tiene ‘paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.’ Romanos 5:1.” Los Hechos de los Apóstoles, pág. 380.
No olvidemos que, “la guerra contra el yo es la batalla más grande que jamás se haya peleado.” La entrega del yo, rindiéndolo todo a la voluntad de Dios y siendo revestidos de humildad, poseyendo ese amor que es puro, pacífico y condescendiente, benigno, lleno de misericordia y de buenos frutos, no puede lograrse fácilmente. Y aún así, es su privilegio y su deber el ser aquí un conquistador perfecto. El alma debe someterse a Dios antes de que pueda ser renovada en conocimiento y verdadera santidad. La vida santa y el carácter de Cristo son un ejemplo fiel. Su confianza en su Padre celestial era ilimitada. Su obediencia y sumisión fueron sin reserva y perfectas. Él vino no a ser servido, sino a servir a otros. No vino a hacer su propia voluntad sino la voluntad de Aquel que lo envió. En todas las cosas se sometió al que juzga rectamente. De los labios del Salvador del mundo se escucharon estas palabras: ‘No puedo yo hacer nada por mí mismo’. Juan 5:30.” Testimonies, tomo 3, págs. 106–107.
La reproducción diaria del carácter de Cristo en nosotros es la santidad y la perfección que Dios demanda de su generación escogida. Esta es la peculiaridad que nos separa del mundo, manifestada por nuestra obediencia amorosa y firme hacia la verdad para agradar a nuestro Señor. Véase 1 Juan 2:15–17.

Continuará. . .

Monday, May 24, 2010

Una Generación Escogida---Parte 1


Por Ron Spear
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” 1 Pedro 2:9
¡Qué oportunidad tan maravillosa ha ofrecido Dios a los adventistas del séptimo día! Somos una generación escogida, escogida para ser la última generación. Por seis mil años, el problema del pecado ha estado haciendo estragos. Billones de personas han vivido, sufrido y muerto en este mundo maldecido por el pecado. Pero sólo unos pocos pueden ser considerados como su pueblo peculiar, que ha respondido al llamado de Dios a salir de las tinieblas a la luz resplandeciente del Evangelio—el plan divino para salvar a todos los que están dispuestos a obedecer todas las verdades conocidas, a través del poder del Espíritu Santo. Mientras estuvo aquí en nuestra carne y naturaleza caída, Jesús dijo: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos”. Mateo 22:14. Él vino a mostrar que cuando nuestra humanidad caída y degradada es combinada con la Divinidad, todos pueden vencer cada tentación como él venció. Él salva al pecador de sus pecados, no en sus pecados. Véase Mateo 1:21. Aceptamos su plan para salvarnos de nuestros pecados. Creemos fervientemente que él tiene el poder de guardarnos de pecar y entonces somos justificados instantáneamente. La santificación ha comenzado. Ahora el Espíritu Santo puede sostenernos en la relación de la justificación mientras estemos dispuestos a someter nuestra voluntad a la obediencia de toda la verdad conocida. Véase Mensajes Selectos, tomo 1, págs. 429, 464. Sin nuestro deseo y determinación de obedecer, no puede haber justificación. Escuche como Dios nos habla a través de su profetisa de los últimos días, Elena de White:
“Se describe a Cristo como quien lleva los pesares y dolores causados por el pecado, y él hace esto no sólo como nuestro amigo que simpatiza con nosotros, sino como nuestro sustituto. Por lo tanto, nuestros pecados de egoísmo, de carácter inamistoso, de indolencia, de malos hábitos y malas prácticas, deben ser eliminados positiva y firmemente. El que se desliga de Satanás no debe dar lugar a sus tentaciones. Consideren las almas que van a Cristo que él es quien lleva los pecados . . . Que el alma arrepentida se aferre por fe del recurso preparado para salvarla no en sus pecados sino de sus pecados. Cristo, como el que lleva los pecados, debe quitar los pecados y rescatar al pecador de su malsana condición espiritual.” Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 7, pág. 952.
Somos su pueblo peculiar por nuestra obediencia a toda la verdad conocida —la forma en que vestimos, nuestra manera de comer, de pensar y de hablar. Nuestra salvación nunca puede estar segura si vivimos descuidadamente en la carne. Debemos vivir por el Espíritu del Dios viviente—el Espíritu que Dios ha prometido enviar a todos los que están esforzándose por obtener la perfección y la santidad.
“Porque la mentalidad de la carne es muerte, pero la mentalidad del Espíritu es vida y paz. Por cuanto la mentalidad de la carne es enemistad contra Dios; porque no se somete a la ley de Dios, ya que ni siquiera puede; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él. . . . porque si vivís conforme a la carne, vais a morir; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.” Romanos 8:6–9, 13.
“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” Hebreos 12:14.
“Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.” Lucas 13:24.
Continuará. . .