Tuesday, May 30, 2023

El Sacrificio de Amor

 


Esta es la ofrenda de un regalo de vida a nuestro favor, para que seamos todo lo que Él desea que seamos: representantes suyos, que expresen la fragancia de Su carácter, Sus propios pensamientos puros, Sus atributos divinos como se manifiestan en Su santificada vida humana, a fin de que otros puedan contemplarlo en su forma humana, y . . . sean inducidos a desear ser como Cristo: puros, impolutos, totalmente aceptables a Dios, sin mancha ni arruga ni cosa semejante.

¡Con qué fervor prosiguió Cristo la obra de nuestra salvación! ¡Qué devoción reveló Su vida cuando procuró dar valor al hombre caído al imputar a cada pecador arrepentido y creyente los méritos de Su justicia inmaculada! ¡Cuán incansablemente trabajó! En el Templo y en la sinagoga, en las calles de las ciudades, en la plaza del mercado, en el taller, a la orilla del mar, entre las colinas, predicaba el Evangelio y sanaba a los enfermos. Dio todo lo que había de sí mismo para poder llevar a cabo el plan de la gracia redentora.

Cristo ofreció Su cuerpo quebrantado para comprar de nuevo la herencia de Dios, a fin de darle al hombre otra prueba. “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25). Por Su vida sin mancha, Su obediencia, Su muerte en la cruz del Calvario, Cristo intercedió por la raza perdida. Y ahora, no como un simple suplicante intercede por nosotros el Capitán de nuestra salvación, sino como un Vencedor que reclama Su victoria. Su ofrenda es completa y, como nuestro Intercesor, ejecuta la obra que se ha asignado a sí mismo, sosteniendo ante Dios el incensario que contiene sus propios méritos inmaculados y las oraciones, confesiones y acciones de gracias de su pueblo. Perfumados con la fragancia de su justicia, éstos ascienden a Dios como olor grato. La ofrenda es totalmente aceptable, y el perdón cubre toda transgresión. God's Amazing Grace, pág. 174.

 

Tuesday, May 23, 2023

Vuelve al Padre

 

El joven se aparta de las manadas de cerdos y de los cascarones, y dirige su rostro hacia su hogar. Temblando de debilidad y desmayado por el hambre, avanza ansiosamente en su camino. No tiene cubierta para ocultar sus harapos; pero su miseria ha vencido al orgullo, y se apresura a mendigar el lugar de un sirviente donde una vez fue un hijo.

Poco se imaginó el joven alegre e irreflexivo, mientras salía por la puerta de su padre, el dolor y el anhelo que quedaban en el corazón de ese padre. Cuando bailaba y festejaba con sus salvajes compañeros, poco pensaba en la sombra que había caído sobre su hogar. Y ahora, a medida que con pasos cansados y dolorosos sigue el camino de regreso a casa, no sabe que uno está esperando su regreso. Pero mientras todavía está “muy lejos”, el padre discierne su forma. El amor es de vista rápida. Ni siquiera la degradación de los años de pecado puede ocultar al hijo a los ojos del padre. Él “tuvo compasión, y corrió, y se echó sobre su cuello” en un abrazo largo, apretado y tierno.

El padre no iba a permitir que ningún ojo desdeñoso se burlara de la miseria y los andrajos de su hijo. Tomó de sus propios hombros el amplio y rico manto, y lo envuelvió alrededor de la forma demacrada del hijo, y el joven lloró su arrepentimiento, diciendo: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. . . .En su inquieta juventud, el pródigo miraba a su padre como estricto y severo. ¡Cuán diferente es su concepción de él! El padre dijo a sus sirvientes: “Traigan la mejor túnica, y vístanlo; y pongan un anillo en su mano, ahora!" Así son los que son engañados por Satanás ven a Dios como alguien duro y exigente. Consideran que vigila para denunciar y condenar, como reacio a recibir al pecador mientras haya una excusa legal para no ayudarlo. Consideran su ley como una restricción a la felicidad de los hombres, un yugo pesado del que se alegran de escapar. Pero aquel cuyos ojos han sido abiertos por el amor de Cristo contemplará a Dios como lleno de compasión. No aparece como un ser tiránico e implacable, sino como un padre deseoso de abrazar a su hijo arrepentido.

No escuche la sugerencia del enemigo de alejarse de Cristo hasta que se haya hecho mejor; hasta que sea lo suficientemente bueno como para ir a Dios. Si espera hasta entonces, nunca irá. . . .Él lo llevará a Su casa del banquete, y Su estandarte sobre usted será el amor. (Cantar de los Cantares 2:4) “Si anduvieres en Mis caminos”, declara, “te daré lugar para andar entre estos que están aquí”, aun entre los santos ángeles que rodean Su trono. (Zacarías 3:7.)

“Como el gozo del novio por la novia, así se gozará contigo el Dios tuyo”. Isaías 62:5. “Él salvará, se regocijará sobre ti con alegría; Él descansará en Su amor; Él se regocijará sobre ti con cánticos.” Sofonías 3:17. Y el cielo y la tierra se unirán en el cantico de regocijo del Padre: “Porque este Mi hijo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado.” 27. A Call To Stand Apart, pág. 13.

 

Tuesday, May 16, 2023

Dando Gracias


 Estoy tan agradecida de que podemos confiar en Dios. Y el Señor es honrado cuando confiamos en Él, llevando a Él todas nuestras perplejidades. . . . El Señor Jehová no consideró que los principios de la salvación fueran completos mientras estuvieran investidos únicamente de Su propio amor. Por Su propia designación, ha colocado en Su altar un Abogado revestido de nuestra naturaleza. Como nuestro Intercesor, la obra de su oficio es presentarnos a Dios como Sus hijos e hijas. Cristo intercede en favor de los que lo han recibido. A ellos les da poder, en virtud de sus propios méritos, para llegar a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial. Y el Padre demuestra Su infinito amor por Cristo, quien pagó nuestro rescate con Su sangre, al recibir y acoger a los amigos de Cristo como Sus amigos. Está satisfecho con la expiación realizada. Es glorificado por la encarnación, la vida, la muerte y la intercesión de Su Hijo.

En el nombre de Cristo nuestras peticiones ascienden al Padre. Él intercede por nosotros, y el Padre abre todos los tesoros de Su gracia para que los apropiemos, a fin de que los disfrutemos y los comuniquemos a los demás. Pedid en mi nombre, dice Cristo. No digo que pediré al Padre por vosotros, porque el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado. Haced uso de Mi nombre. Esto dará eficacia a vuestras oraciones, y el Padre os dará las riquezas de su gracia. Por tanto, pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.

¡Qué condescendencia! ¡Qué privilegio se nos concede! Cristo es el eslabón de unión entre Dios y el hombre. . . . A medida que nos acercamos a Dios a través de la virtud de los méritos de Cristo, somos revestidos con sus vestiduras sacerdotales. Nos coloca cerca de Su lado, rodeándonos con Su brazo humano, mientras que con Su brazo divino se aferra al trono del Infinito. Él pone Sus méritos como incienso dulce en un incensario en nuestras manos para alentar nuestras peticiones. Promete escuchar y responder a nuestras súplicas. Sí; Cristo se ha convertido en el medio de oración entre el hombre y Dios. Él también se ha convertido en el medio de bendición entre Dios y el hombre. Ha combinado la divinidad y la humanidad. In Heavenly Places, pág. 77.


Tuesday, May 9, 2023

La Ayuda Que Necesitan

 

Muchos son espiritualmente débiles porque se miran a sí mismos en vez de mirar a Cristo. . . . Cristo es el gran almacén del cual en cada ocasión podemos sacar fortaleza y felicidad. ¿Por qué, entonces, retiramos nuestros ojos de Su suficiencia para mirar a nuestra debilidad y lamentarnos de ella? ¿Por qué olvidamos que Él está listo para ayudarnos en cada momento de necesidad? Lo deshonramos al hablar de nuestra ineficiencia. En lugar de mirarnos a nosotros mismos, miremos constantemente a Jesús, haciéndonos cada día más como Él, cada vez más capaces de hablar de Él, mejor preparados para recibir el beneficio de Su bondad y ayuda, y para recibir las bendiciones que nos ofrece. A medida que vivimos así en comunión con Él, nos fortalecemos en Su fuerza, y seremos una ayuda y una bendición para quienes nos rodean.

Cristo ha hecho toda provisión para que seamos fuertes. Nos ha dado su Espíritu Santo, cuyo oficio es traernos a la memoria todas las promesas que Cristo ha hecho, para que tengamos paz y un dulce sentido del perdón. Si mantenemos nuestros ojos fijos en el Salvador y confiamos en su poder, seremos llenos de una sensación de seguridad; porque la justicia de Cristo llegará a ser nuestra justicia. . . .

Cuando les asalten las tentaciones, como seguramente lo harán, cuando les rodeen preocupaciones y perplejidades, cuando, angustiados y desanimados, estén casi a punto de ceder a la desesperación, miren, oh miren, hacia dónde con el ojo de la fe vieron la luz por última vez; y la oscuridad que los envuelve será disipada por el resplandeciente resplandor de Su gloria. Cuando el pecado luche por el dominio de su alma y agobie la conciencia, cuando la incredulidad oscurezca la mente, vayan al Salvador. Su gracia es suficiente para subyugar el pecado. Él los perdonará, haciéndolos gozosos en Dios.

Dios quiere que nuestras mentes se expandan. Desea poner Su gracia sobre nosotros. . . . Debemos ser uno con Cristo como Él es uno con el Padre, y el Padre nos amará como ama a Su Hijo. Podemos tener la misma ayuda que tuvo Cristo, podemos tener fortaleza para cada emergencia; porque Dios será nuestra guardia de frente y nuestra retaguardia. Él nos encerrará por todos lados. God's Amazing Grace, pág. 259.


Tuesday, May 2, 2023

Exiliado de su Hogar Celestial


Para comprender plenamente el valor de la salvación, es necesario comprender lo que cuesta. Como consecuencia de las ideas limitadas de los sufrimientos de Cristo, muchos dan una baja estima a la gran obra de la expiación. El plan glorioso de la salvación del hombre se realizó por el amor infinito de Dios Padre. En este plan divino se ve la más maravillosa manifestación del amor de Dios a la raza caída. Tal amor como se manifiesta en el don del amado Hijo de Dios asombró a los santos ángeles. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Este Salvador era el resplandor de la gloria de Su Padre y la imagen expresa de Su persona. Poseía majestad, perfección y excelencia divinas. Era igual a Dios. “Agradó al Padre que en él habitase toda plenitud” (Colosenses 1:19). . .

Cristo consintió en morir en lugar del pecador, para que el hombre, mediante una vida de obediencia, pudiera escapar del castigo de la ley de Dios.

Jesús era la majestad de los cielos, el amado comandante de los ángeles, que se deleitaba en hacer Su voluntad. Él era uno con Dios, "en el seno del Padre" (Juan 1:18), sin embargo, consideró que no era cosa de desear ser igual a Dios mientras el hombre estaba perdido en el pecado y la miseria. Bajó de Su trono, dejó Su corona y cetro real, y revistió Su divinidad de humanidad. Se humilló a Sí mismo hasta la muerte de cruz, para que el hombre pudiera ser exaltado a un asiento con Él en Su trono. En Él tenemos una ofrenda completa, un sacrificio infinito, un Salvador poderoso, que puede salvar hasta lo sumo a todos los que se acercan a Dios por medio de Él. En amor viene a revelar al Padre, a reconciliar al hombre con Dios, a hacer de él una nueva criatura renovada a imagen de Aquel que lo creó.

Nuestro Padre celestial hizo un sacrificio infinito al dar a Su Hijo para morir por el hombre caído. El precio pagado por nuestra redención debe darnos puntos de vista exaltados de lo que podemos llegar a ser a través de Cristo. God's Amazing Grace, pág. 160.